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Boletín Cultural y Bibliogáfico. Número 36.  Volumen XXXI - 1994 - editado en 1995

Palabras populares con marco teórico


Diccionario de las hablas populares de Antioquia
Carlos García Z. y César Muñoz A.
Editorial Universidad de Antioquia, Medellín, 1993, 309 págs

Más que un diccionario propiamente dicho, se trata de un conjunto de tres léxicos: Léxico de antioqueñismos, Léxico coloquial y popular, y Léxico jergal del subsistema ling¸ístico de la subzona antioqueño-caldense, que forma parte de la zona occidental perteneciente a la super zona interiorana o andina, según la propuesta de clasificación dialectal del español de Colombia del prdeesor José Joaquín Montes, y que comprende los departamentos de Antioquia, Caldas, Quindío y Risaralda.

Con este conjunto de léxicos se enriquece y afirma una reconocida tradición lexicográfica antioqueña sobre el habla de esta región. Tradición que cuenta ya con un buen número de obras y que fue iniciada, según parece, por Rafael Uribe Uribe, en 1887, con su Diccionario abreviado de galicismos, provincialismos y correcciones del lenguaje. Mucho han cambiado las cosas desde esos tiempos hasta nuestros días. De una orientación decididamente prescriptiva, nos encontramos ahora ante un trabajo descriptivo y constativo; un trabajo, donde, a la luz de la socioling¸ística, se nos presenta una dimensión de la lengua puesta en boca, ya no del gramático o del purista, sino del hablante común y corriente, del vulgo, del drogadicto y del marginado social; una dimensión de la lengua exclusiva, ya no del uso formal y dependiente del rigor racional, sino de los contextos informales y dinamizada por la emotividad y la afectividad.

Los objetivos de los autores son dos: a) presentar el léxico del español hablado en Antioquia en su diversidad dialectal y social, y b) llevar a cabo un trabajo actualizado de recopilación, clasificación y definición de un nuevo cúmulo de voces que sirva a los usuarios y también como una motivación para este tipo de estudios.

La primera impresión que podría tener el lector es que se trata de un trabajo lexicográfico exclusivo sobre el habla regional antioqueña. Ese es uno de los objetivos y el propósito fundamental de los autores. Pero al calar en cada uno de los léxicos, particularmente en los dos últimos, a un hablante no antioqueño, como al autor de la presente reseña, le causa gran extrañeza encontrar que un buen número de términos y locuciones que le son y le han sido completamente familiares en su medio desde su infancia sean catalogados como antioqueñismos en la acepción con que los autores los presentan; sea, por ejemplo, el siguiente conjunto de términos extraído teniendo en cuenta únicamente las entradas de las tres primeras letras del alfabeto: acelerado, acelere, acostarse, aguasal, apuntarse, aventar, bazuco, bazuquero, boleteo, bomba, botado, buséfalo, cacho, camellar, camellador, cana, calentador, carreta, catano, cascar, cascarero, caspete, chance, chepazo, chicuca, chicharrón, chimbada, chismografiar, chispo, chutar, chuzo, chuzografiar, colón, combo, corrido, cuadrarse. La extrañeza se disipa un poco al detenerse en las precisiones de los respectivos marcos teóricos de cada léxico: "No hay entonces, una seguridad absoluta de lo que parecería ser un simple y reducido antioqueñismo" (pág. 24). "Para la extracción del inventario de las formas coloquiales y populares oídas en Antioquia, aunque no necesariamente circunscritas a esta área geográfica se ha acudido a tres tipos de fuentes [...]" (págs. 114-115). "Aunque este lexicón se concentra únicamente en el habla jergal oída en Antioquia, debe entenderse que muchos de estos términos se oyen en otras partes de Colombia e incluso de Hispanoamérica" (págs. 207-208).

La referencia a estas precisiones, más que desconocer la creatividad ling¸ística y los valores dialectales del habla antioqueña, habla de la honradez investigativa de los autores y de algunas dificultades con que se encuentra el lexicógrafo en la búsqueda de una identidad ling¸ística regional en el contexto de una nacionalidad más amplia. Son escasos los diccionarios sobre lenguas regionales y los estudios lexicográficos realizados en Colombia sobre las distintas zonas dialectales, y cuando existen tales diccionarios, no son suficientemente exhaustivos. Por tanto, el criterio de uso contrastivo de selección de las entradas basado en los diccionarios existentes, por ahora, en la lexicografía colombiana es necesario, pero no es suficiente. Sin embargo, en la línea seguida por los autores es inexplicable la omisión, al menos en la bibliografía, del Breve diccionario de colombianismos (1975) de la Academia Colombiana, Comisión de Lexicografía, donde se registran algunos términos que también son de uso frecuente en otras regiones de Colombia, como, por ejemplo, atao, candelero.

De una u otra manera, un diccionario es un sistematizador de la cultura ling¸ística, la cual, a su vez, es una sistematización de otras manifestaciones culturales. Si se tratara de ver cómo la lengua va con la vida de las comunidades que la hablan, o cómo la lengua es como la huella digital de la sociedad en que se integra, nada mejor que recurrir a un diccionario, máxime si es de hablas populares, en el cual, a manera de espejo, es posible mirar o admirar la conciencia ling¸ística de la comunidad hablante que allí se refleja. En este sentido, el conjunto de léxicos elaborado por los prdeesores García Z. y Muñoz A. admite una doble visión y valoración: la del ling¸ista, y la de los usuarios de la lengua reflejada.

Desde el punto de vista del ling¸ista, tales léxicos son un valioso aporte para el reconocimiento de los mecanismos de que dispone la lengua en su continua renovación y recreación léxica. Desde el punto de vista del usuario de la lengua, el diccionario se convierte en un medio para admirar el producto de su creatividad ling¸ística, en un recurso para afirmar su identidad regional y dar a conocer a los demás grupos sociales su actitud ling¸ística ante el dialecto que los caracteriza. Por otra parte, el Diccionario de hablas populares de Antioquia es una muestra que permite valorar el ingenio y la creatividad de los hablantes antioqueños para acomodar la lengua a las más variadas situaciones de uso, y a la expresión de los más finos matices afectivos y emotivos que suscita la vivencia o supervivencia en uno u otro contexto social. En el uso creativo de la lengua se refleja socialmente una determinada visión del mundo; no importa cuál sea tal visión: poética, racional, teológica, etc. De todos modos, la recursividad que derece la lengua y la creatividad de los hablantes se conjugan armónicamente para reflejar tal visión; unas veces para el enriquecimiento espiritual; otras, para la solución de los problemas mediante la comunicación; otras, para dificultar la comprensión de algunos oyentes y de este modo identificarse socialmente, y otras veces, si es el caso de contrastar la entereza del espíritu con la dureza de las condiciones de existencia, para burlarse de la vida con el ingenio, el humor o la ironía. Esta deducción se evidencia particularmente al hojear el Léxico coloquial y popular y el Léxico jergal.

En el reconocimiento de los mecanismos de que dispone la lengua y que son actualizados por los hablantes en su creatividad ling¸ística, vale tener en cuenta: l. La motivación morfológica o creación de nuevas palabras por: a) derivación: bazuquero, boletiar, camellar, campaniar, engramparse, escamoso, gaminería, huevonada, inmamable, muchachón, sicosiar, etc.; b) composición: aguasal, casquifloja, tumbalocas, etc.; c) parasíntesis: aguamasera, chismografiar, chuzografiar, etc. 2. La motivación semántica o creación de nuevos significados por metáfora o metonimia: culebra, chispa, vitriniar, volarse. 3. La motivación morfosemántica: amistad, gasolinera, papayazo, atracacunas, coparrota, etc. 4. La construcción de frases: perder (uno) los folios, caminarle (uno a algo), pararlo (a uno), ser (alguien) una madre, etc. Además de otras formas más complejas donde concurren procesos fonéticos, morfológicos, u otros muy sui géneris. Esta creatividad es más evidente en el Léxico jergal, del cual, para configurar la imagen de tal creatividad, extraemos otros procedimientos: l. Alteración fonética: atirbar x atisbar, mempo x lempo, recatiar x regatiar, etc. 2. Metaplasmos: misaca x camisa, mirdo x dormir, jermu x mujer; chacho x muchacho, ñero x compañero; metra x metralleta, situa x situación, a la f x a la fija, etc. 3. Sufijación deformante: carátula, hermanófilo, rarófilo, suavesongo, etc. 4. Cruce o acción de dos palabras: movio x mozo y novio, colaborambón x colaborador y lambón, etc. Préstamos semánticos: man, flay, etc. 5. La abundancia de sinónimos, fenómeno derivado (desde el punto de vista ling¸ístico) de la creatividad con que utiliza la lengua. Estos fenómenos nos muestran que los hablantes de las jergas ponen en práctica todos los procedimientos fonéticos, morfológicos, sintácticos y léxicosemánticos comunes a todo proceso de renovación y recreación léxica.

De los léxicos presentados, el de antioqueñismos es el de más puro sabor regional. No puede decirse lo mismo de los demás, presentados como subconjuntos de la variedad dialectal antioqueña. Como todo buen trabajo académico, cada uno de los léxicos está precedido de su correspondiente marco teórico que ubica al lector en el contexto ling¸ístico y destaca los principales aspectos identificados. En muchos aspectos se cumplen los propósitos de los autores: elaborar nuevos trabajos que aporten material para los estudios dialectológicos y lexicográficos del español hablado en Colombia, y con ello se amplíe el conocimiento del habla regional. Su esfuerzo se traduce también en un valioso aporte para el estudio de la dinámica social del lenguaje y el estudio de la estilística del lenguaje cotidiano.

BERNARDO MORALES A.
Departamento de Lingüística
Universidad Nacional de Colombia
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