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DARÍO GÓMEZ
LA NOSTALGIA DEL REY DEL DESPECHO

Por Henry Holguín -

Darío Gómez "El Rey del Despecho"

No hace mucho enterró a su hija, asesinada en un bus en las calles de Medellín. Darío Gómez tomó rumbo hacia su finca, 'El sudor del rey'. Lloró y habló de los días duros de su vida. Lo acompañamos en su refugio en Santa Fe de Antioquia.

Es un oscuro día de noviembre del año 79. El cantante y compositor Darío Gómez está tomándose unos aguardientes. Se le nota angustiado. Para colmo, ha escogido para beberse los guaros en un sitio realmente macabro: una fonda ubicada en el lote del antiguo cementerio de San Jerónimo, su pueblo natal. Desde la mesa donde el 'Rey' calma su despecho se ven montones de lápidas rotas, huesos humanos y calaveras.

"De pronto -dice-, viendo esos huesos, se me ocurrió una frase:
'Nadie es eterno en el mundo' ".

Así, entre lágrimas y aguardiente, en una hoja de papel de envolver y con un bolígrafo prestado, Gómez escribió el que habría de ser su más grande éxito:

"Nadie es eterno en el mundo
ni teniendo un corazón,
que tanto siente y suspira
por la vida y el amor...".

Y sin dejar de llorar un minuto, Darío Gómez sacó, de lo más profundo de su alma, el estribillo que los borrachitos cantan a grito herido en la mitad de sus rascas:

"Cuando ustedes me estén despidiendo
con el último adiós de este mundo,
no me lloren que nadie es eterno,
nadie vuelve del sueño profundo...".

"Cuando terminé de escribir -cuenta ahora- no me imaginaba que ese disco habría de vender más de un millón de copias... Y sigue vendiendo...".

Así ha sido siempre. De su dura vida, llena de golpes y despechos, el maestro Darío Gómez ha terminado sacando sus temas inconfundibles y plenos de alma popular.

Cuando habla de su infancia, se pone serio: "Yo no gatié en alfombras ni nací con la vaca amarrada al pie de la cama. A mí me tocó una niñez de sudor y sacrificios".

Nacido el 6 de febrero de 1951 en San Jerónimo, un pueblo caluroso a una hora de Medellín, Gómez trabajó desde los 7 años acompañando a su padre en las difíciles tareas agrícolas.

"Aprendí a arar la tierra, a sembrarla y a recolectar sus frutos. A mucha honra fui chapolero y pasé mucho tiempo cogiendo café...".

Se le mojan los ojos recordando a sus abuelos, Carlos Antonio y Carmen, a su hermana Rosángela y al tío que a los 12 años se lo llevó para que "aprendiera la mecánica y fuera alguien en la vida".

Trabajó como mecánico casi un año en diversos talleres. Aprendió tanto, que hoy en día él mismo rectifica los motores de sus carros.
Pero cada que le quedaba un rato libre, el niño Darío Gómez escribía en un cuaderno letras para canciones a las que él mismo les ponía música.

"No recuerdo esas épocas con tristeza, amargura o rencor. Papá hacía lo que podía y la realidad es que nunca nos faltó el bocado de comida".

Cuando cumplió 21 años decidió que Colombia le quedaba chiquita. Ya se le había metido en la cabeza el ser cantante y compositor. Pensó que Venezuela era una buena opción y un día cogió su cuaderno con más de 50 canciones escritas, un morral con dos mudas de ropa y cruzó la frontera en el Majayura guajiro.

"Llevaba la esperanza de visitar Caracas para mostrar mis canciones. Pero sólo llegué a la provincia del Zulia donde me tocó trabajar en lo que más sabía: la agricultura. Fui jornalero hasta que a mediados del 73 llegó la PTJ y me capturó por indocumentado sin dejarme recoger mi ropa, y lo peor, el cuaderno donde tenía 60 canciones inéditas".

Puesto en la frontera, a Darío le tocó caminar por dos días hasta que se apiadaron de él. "Era un tipo flaco, famélico, con pinta de hambre. Por eso me dieron posada y me prestaron plata para devolverme a Medellín".

En julio de 1976 ingresó a Papeles Scott como operario y mecánico. Allí habría de pasar dos años combinando su trabajo con sus incursiones artísticas, escasas y mal pagadas.

Y por fin, luego de recorrer inútilmente varios municipios, donde cantó en cantinas mal iluminadas y negocios de mala muerte, Codiscos lo llamó a grabar sus primeras canciones, temas de corte decembrino y picaresco, así como vallenatos y otros bailables.

"Hasta ese momento, los golpes de la vida no me habían iniciado en el difícil camino del despecho".

En Papeles Scott no querían dejarlo ir. Sus jefes le dijeron que "cómo iba a cambiar un trabajo seguro por la bohemia artística". Pero no dio su brazo a torcer, se fue y dejó en su reemplazo a uno de sus hermanos. Todavía trabaja ahí.

El 31 de octubre de 1978 fue un día crucial en la vida de Darío.

"Ese día murió mi hermana Rosángela Gómez, quien había sido como una madre para mí...".

Solo y triste, tan pronto como pasó el sepelio, Darío se sentó a escribir de un solo envión su famoso tema Ángel perdido, dedicado a su hermana muerta. La canción vendió 600 mil copias en seis meses convirtiéndose en su primer éxito en música de carrilera.

El camino del despecho estaba abierto.
Para ese entonces Gómez se había casado por primera vez en la iglesia de Sopetrán, "con una mujer a la que amé mucho en su momento y quien nunca entendió mi profesión. Ella no hacía más que criticarme por ser cantante y decirme que con esos tiestos (los discos) nunca iba a llegar a ninguna parte".

Esto profundizó su tristeza natural, su despecho propio que -al contrario de ahora, cuando llora mucho- no se reflejaba en lágrimas.

"Yo era duro de llanto. En mis malos momentos sentía una opresión en el pecho pero no la exteriorizaba. Simplemente me ahogaba de dolor por dentro. Ahora, y gracias a mi segunda esposa, Olga, incluso he aprendido a llorar...".

Se separó de su primera esposa y quedaron tres hijos: Wilmar Humberto, Walter de Jesús y Luz Dary Gómez Pineda.

A los pocos meses conoció a una niña de 15 años, sumamente hermosa, "muy de su casa y virgen" como dicen las señoras antioqueñas. Era Olga Lucía Arcila, con quien habría de formar su segundo hogar y se convertiría en la mujer de su vida.

"Olga es para mí todo: mujer, niña, amante, mánager, consejera. No puedo imaginarme mi vida sin ella... Sobre todo, ha creído en mí y me ha valorado como esposo, padre y artista".

Para conquistarla, siendo 13 años mayor y separado -pecado gravísimo para las familias antioqueñas de esa época-, Darío utilizó una mezcla de dulces insultos y canciones hermosas.

"Me llamaba 'culicagada', cosa que odiaba y sigo odiando -dice Olga-. Y me cantaba. Me cantaba canciones tan hermosas que me hacían temblar por dentro".

"Permanentemente me echaba -recuerda Darío con una sonrisa- pero yo no me iba. Hasta que un día, cuando grabé el tema Sobreviviré, en el que hablo de salir adelante sin ella, decidí llevárselo a ver qué pasaba...".

"Ese día comprendí que estaba enamorada de ese hombre mayor que me repelía y atraía al mismo tiempo -cuenta ella-. Cuando escuché la canción que habla de conseguirse otra y de que va a sobrevivir a pesar de mi desamor, me dije 'lo perdí' y me puse a llorar".

Desde entonces están juntos formando un hogar romántico y tierno, con sus hijos Kelly Johana, Jorge Armando y Lady Catalina. Nada ha podido separarlos.

"ESTOY CANSADO DE ESCUCHAR MENTIRAS SOBRE MÍ, SIN DEFENDERME".

Aunque el tema no le gusta, Darío Gómez también habló de las versiones que indican que ha sido un mal padre con los hijos de su primer matrimonio.
"Es terrible tener que hablar de mis hijos y de mi anterior esposa. Pero debo hacerlo, porque estoy cansado de guardar silencio mientras medio país escucha un montón de falsedades. Una de las causas de mi despecho es la situación que he vivido con mi antigua familia. Mis hijos viven no en la cuadra de cambuches y tugurios que mostró la televisión sino en un sitio muy decente del barrio 12 de Octubre -no París, como dijeron- en una casa de tres pisos sumamente confortable. Mi hija, la que murió en un barrio de Medellín, incluso vivía en otra casa que le di, la misma donde yo viví mucho tiempo".

Con amargura, Gómez coloca los casetes en los que están grabadas las voces de sus hijos, insultándolo, exigiéndole dinero.

"Yo creo que esta es una de las cosas que más despecho ha causado en mí: la incomprensión de mi propia familia quienes en vez de apoyarme lo que quieren es destruirme".

Muestra los recibos de un taxi que les dio a sus hijos y que vendieron a los dos meses "para beberse la plata" y las pruebas de que vendieron los apartamentos de los pisos altos de la casa para irse a vivir a uno de los locales "y así poder seguir diciendo que los tengo abandonados".

Se destapa, después de muchos años de furia contenida. "Se han aprovechado de mí. Me da pesar de ellos. No me han correspondido con la sinceridad y lealtad que yo mismo les he entregado. Pero sobre todo, no me respetan como padre".

Dice que luchó para que estudiaran pero que se negaron. Dice que en repetidas oportunidades ha tratado de que abandonen el barrio y se bajen a vivir a sitios más residenciales, pero se niegan a hacerlo. "Es que mientras vivan por allá, pueden seguir hablando mal de mí".

Agrega que lo han engañado "mil veces" haciendo que les dé dinero para negocios inexistentes como la compra de unas vacas lecheras que jamás aparecieron.

"Me gustaría cerrar los ojos y que nada de esto hubiera ocurrido. Miren que afirman que mi hija asesinada en un atentado contra un conductor de colectivo, estaba buscando trabajo desesperada porque yo la tenía abandonada. ¡Mentira! Ella tenía su marido y, además, el día de su muerte había recibido una llamada cancelándole la cita que tenía para un trabajo".

Dice que Dios le ha dado una compensación con su segundo hogar donde "reina el amor, el respeto y los valores humanos".

"Lo que pasa es que ya me cansé de soportar la grosería, los insultos y el permanente chantaje...".

DARÍO GÓMEZ ES EL MÁS GRANDE VENDEDOR DE DISCOS A NIVEL POPULAR EN COLOMBIA Y LATINOAMÉRICA.

No se sabe muy bien cuánto aguardiente se han tomado los colombianos durante 25 años por cuenta de Darío Gómez, pero, en todo caso, si existiera esa estadística, seguramente que a la FLA le saldría rentable ser socia del "Rey del Despecho".

Como Discos Dago, su empresa editora en la que maneja todo el imperio del "rey del despecho". Fundada el 20 de febrero de 1982, Dago es hoy una verdadera casa disquera.

En 1985 se lanzó como solista con Decídelo y ante la gran aceptación popular imprimió su primer larga duración, Así se le canta al despecho.

De ahí en adelante nada habría de detenerlo. Lo prueban más de 900 composiciones entre las que se cuentan Nadie es eterno, La oveja negra, Tú y la gente, El hijo del amor, El rey del despecho y Corazón resentido. Además de interpretar canciones tan famosas como Sobreviviré y Me tiré el matrimonio.

Vinieron la fama, los viajes, el éxito. Darío ha recorrido Perú, Ecuador, Chile, Venezuela -donde han lamentado siempre el haberle deportado-, todo Centroamérica, hasta que conquistó Europa. En 1997, el 25 de octubre, Darío Gómez debutó en París ante un teatro a reventar.

"Estaba muy asustado -cuenta ahora- pero comprendí que lo único que podía hacer era cantar".

Y cantó.
"Sólo le digo a la ingrata que si no ha de volver nunca,
con su desprecio me mata, hasta llevarme a la tumba...".

Desde entonces, casi todos los años, Gómez recorre Europa y Estados Unidos para cantar ante público hispano, gringo y europeo, sus canciones de despecho. Bélgica y Suiza se cuentan entre sus mejores plazas.

"Mis mayores despechos son las repetidas muertes de gente de mi familia que me golpean sobremanera. Mis mayores alegrías, mi mujer y mis hijos y mis mejores amigos, el público y los medios de comunicación que me han acompañado por 18 años".

Hoy, convertido en empresario, dueño de una hermosa finca que se llama 'El sudor del rey', Darío sólo espera que "Dios me dé cabeza para seguir componiendo, voz para seguir cantando y alma para no dejar de ser el que siempre he sido...".

-¿Y cómo le gustaría morir?

-"Me gustaría sobre todo morir en una Colombia en paz. Dejarles a mis hijos la oportunidad de vivir, de trabajar, en un país donde no los estén matando en cada esquina, como a perros. Que nadie lleve a mi entierro odios ni rencores. Que me recuerden como lo que fui, un colombiano de a de veras, un paisa de todo el maíz, porque 'aunque neguemos la enjalma y el ancestro caminero, llevamos dentro un arriero que le da perrero al alma'. Y que canten. Que me canten Nadie es eterno en un coro que se eleve hasta el cielo".

Fuente:
Revista Cromos

   
   
  Darío Gómez: del amor al despecho

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